miércoles 5 de diciembre de 2007
miércoles 14 de febrero de 2007
De buses y abusos
El plan Transantiago es una iniciativa loable, a la altura de las grandes ciudades del planeta, pero su aplicación fue completamente cuestionable y sus resultados son preocupantes: como la mala hierba crecen las sospechas de que el gobierno excede los márgenes para improvisar, junto con el festival de críticas inútiles de parte de una derecha irreconocible e igualmente carente de prolijidad. Fotos: WebTransantiago y La Tercera
Nunca antes los microbuses capitalinos habían sido tan polémicos. Ni las memorables liebres, ni los rimbombantes buses amarillos, ganaron tanta tribuna como sí lo han hecho las multicolores flotas del Transantiago con su producto estrella: las máquinas articuladas. Una fuerte campaña de promoción y el cambio radical del servicio licitado del transporte público prometían un giro al desarrollo de los santiaguinos, sin embargo, bastó sólo una mañana del primer día de aplicación para ver que no todo estaba listo, pese a tener años de trabajo en su estudio y desarrollo. El colapso no se hizo esperar.
Si bien parte del desorden provocado por el relevo del antiguo sistema es culpa de la mala preparación de los usuarios y de las evidentes faltas a la educación de los mismos, el premio mayor a la irresponsabilidad se lo lleva sin duda el gobierno que, sin que fuese necesario, se aplicó el hara-kiri, exponiéndose al repudio masivo de gentes que en su mayoría busca el mínimo esfuerzo, inclusive para tomar la micro (y también de ciudadanos bien informados que pagaron caro errores ajenos).
La falta de buses a contar del sábado pasado dejó en claro que la fiscalización al sistema fue sólo un saludo a la bandera y careció de profundidad. Es inconcebible que, con los meses de preparación que tuvo el plan, exista déficit de máquinas por acusar problemas mecánicos, confu
sión de horarios, falta de instalaciones adecuadas o desconocimiento de los recorridos. El error sólo es endosable a las autoridades y lamentablemente eso se transformó en un abuso hacia los pasajeros que, por más que hayan instaurado el pasaje gratis durante estos días, han debido soportar atrasos y aglomeraciones que nos recuerdan que aún pertenecemos al Tercer Mundo.
La idea se contaminó.
El plan Transantiago es una iniciativa loable, a la altura de las grandes ciudades del planeta, pero su aplicación fue completamente cuestionable y sus resultados son preocupantes: como la mala hierba crecen las sospechas de que el gobierno excede los márgenes para improvisar, junto con el festival de críticas inútiles de parte de una derecha irreconocible e igualmente carente de prolijidad.
En un tema que afecta a gran parte de la población del país, la oposición ha sido una parodia de lo que ella misma pretende definirse. En vez de cooperar con el bien de los habitantes de la capital, emerge inquisidora en extremo; juntando argumentos pueriles y acusando a quienes no tienen responsabilidad alguna en el caso. Como ejemplo es citable el surrealista reclamo del diputado Iván Moreira a Iván Zamorano, conminándolo a devolver los 300 millones de pesos que el ex futbolista recibió por ser el rostro de la campaña del Transantiago; ya que, según el parlamentario, el antiguo deportista “engañó y desinformó a la gente”. Una muy buena manera de tener tribuna… pero ningún aporte al debate, porque los susceptibles de crucifixión son otros.
Por respeto y consideración hacia los millones de santiaguinos que deben movilizarse en la locomoción colectiva, el gobierno debe demostrar rápidamente que el plan sí es viable. No regalando el costo de los viajes, ni abriendo más temprano el servicio del Metro, sino más bien, haciendo cumplir la fiscalización hacia las empresas operadoras. Por otro lado, los críticos – sobre todo la oposición- deben evitar el tan chileno chaqueteo y el hablar por hablar. Mensaje que va también para una sobreactuada dirigente estudiantil que ya estaba haciendo su revolucionaria performance arriba de una máquina.
Si dejamos a los termocéfalos abajo y miramos con optimismo el desarrollo del país, sabremos para dónde va la micro y nos ahorraremos los numeritos que tan mal nos han dejado en este último tiempo.
Made in
Edgardo Fierro Müller
a las
19:12
viernes 2 de febrero de 2007
El “Alancran”
El reciclado mandatario peruano, poseedor de un discurso conciliador hacia Chile, ya mostró sus credenciales en el último impasse con Santiago. La amistad durará poco: su gobierno, tarde o temprano, sucumbirá al peso de sus fuerzas armadas y a la diplomacia de las intrigas que, con sus poderosas redes, intentan a toda costa hacer revancha contra nuestro país usando las más insólitas e ingeniosas formas posibles. Por eso es que Alan García es como los alacranes: busca siempre la sombra, no muerde pero pica y con sendas tenazas está dispuesto a agarrarse de lo que sea con tal de aprovechar la nueva oportunidad que le dieron los electores. Así que ojo… está próximo a hacernos alguna gracia o bien, si ya nos la hizo, la herida está a punto de infectarse.El pensamiento que emerge en el discurso político cuando es investido un nuevo presidente en Perú corresponde a la misma cuchufleta de siempre. Con alegoría y amor fecundo, la verborrea amistosa desprende luces de un futuro próspero, relaciones fraternas, que evocan esa hermandad decimonónica nacida en plena época de la independencia latinoamericana y que duró hasta que comenzaron los afanes de grandeza y las trampas comerciales de nuestros vecinos, generadoras de dos cruentas guerras en el mismo siglo. Es que así es como históricamente se ha tejido la cínica disposición de la clase dirigente peruana hacia Chile, actuando como los típicos lanzas de esquina que juran vociferantes su honradez, mientras extraen de manera magistral la billetera del primero que se les atraviese.
El problema chileno es que – seguramente por las ansias de buena fe en un barrio que poco la tiene – una y otra vez cae en el juego de las promesas idílicas, fantaseando con la idea de “las relaciones que pasan por su mejor momento“. En los noventa, pasó con Alberto Fujimori, que llevó la coexistencia al clímax del acercamiento superficial. Luego siguió Alejandro Toledo, que con su destartalado gobierno, dejó un conflicto diplomático de proporciones en la lista de casos pendientes con Chile, cambiando unilateralmente la frontera marítima; lo que obligó a su par, Ricardo Lagos, a utilizar un lenguaje disuasivo que no se oía desde 1978, en pleno conflicto con Argentina por el Beagle.
Se fue Toledo, esperaban a Ollanta Humala y de pronto aparece Alan García.
En La Moneda se celebró su afinidad política con el gobierno de Michelle Bachelet y eso fue el inicio de un pololeo corto. Con los antecedentes de aquel mandatario, no había opción para pensar en matrimonio. Pero el aprista, hábil, se la jugó para crear confianza y lo logró. En la nueva moda de la integración americana, el revival del bolivarismo hizo que Santiago se sumara a la fiesta con todo. Y es que para el cambio de mando en Ecuador, la presidenta viajaría en el mítico FACH 1 junto a su homólogo. Pero qué señal más poderosa. Sin embargo, ello nunca ocurrió y todo, según Chile, por culpa de un funcionario de la Dirección de Fronteras de la Cancillería, que envió sin revisar la ley que crea la XV región del país y que fija sus límites desde la frontera con el vecino del norte. Todo por la borda y de nuevo la arremetida.
El reciclado mandatario peruano, poseedor de un discurso conciliador hacia Chile, ya mostró sus credenciales en el último impasse con Santiago. La amistad durará poco: su gobierno, tarde o temprano, sucumbirá al peso de sus fuerzas armadas y a la diplomacia de las intrigas que, con sus poderosas redes, intentan a toda costa hacer revancha contra nuestro país usando las más insólitas e ingeniosas formas posibles. Por eso es que Alan García es como los alacranes: busca siempre la sombra, no muerde pero pica y con sendas tenazas está dispuesto a agarrarse de lo que sea con tal de aprovechar la nueva oportunidad que le dieron los electores. Así que ojo… está próximo a hacernos alguna gracia o bien, si ya nos la hizo, la herida está a punto de infectarse.
Mientras no se convenzan algunos políticos chilenos que es necesario tener listo el antiséptico en caso de picaduras o mejor aún, prevenirlas firmemente. Mientras no se convenzan que el conflicto por el mar aún no se inicia con la fuerza natural a la que llegará en un corto plazo. Mientras no exista la lamentable conciencia de que nuestros vecinos no quieren amistad con nosotros al menos que entren en tanque a Arica, seguiremos observando abrazos de utilería, discursos de buena crianza camuflando la acérrima competencia comercial, estratégica y militar y el deseo enorme de quedarse con Tarapacá. El “Alancrán” quiere tener desierto y de atrás lo harán picar.
Made in
Edgardo Fierro Müller
a las
18:59
viernes 24 de marzo de 2006
Errores de cálculo
Evo Morales y Michelle Bachelet tienen sendas diferencias en prioridades, y su núcleo político e ideales no son para nada parecidos. Lo único similar es que en ambos países los nuevos gobernantes hicieron historia por sus características personales. Nada más. Chile seguirá siendo el país serio, ordenado, respetuoso de los tratados internacionales y preocupado de llegar a integrar el Primer Mundo. Nuestros vecinos, en cambio, son una eterna duda.
Primero, fue la visita a Bolivia del ex presidente Ricardo Lagos, donde abundaron los brazos en alto y fotografías fraternas. Después, la llegada de Evo Morales, como invitado al cambio de mando en Chile, trajo aplausos, acoso de la prensa y hospitalidad, junto con un charango de por medio y el acto de homenaje en Ñuñoa, donde siete mil personas pidieron mar para el país altiplánico. Todo aquello confabuló para decir que "las relaciones entre ambas naciones estaban en un excelente punto" y todos se subieron al carro de la amistad vecinal y al diálogo positivo, haciendo gala de un análisis sesgado, idealista y sin profundidad.
Los errores cometidos por ambos países en estas últimas semanas son diversos y hablan de lo desordenadas que están las cosas en un lado y otro. En un principio, el nuevo gobierno de Chile, debió ser mesurado en los festejos de la posesión del poder y dejar claramente establecido su lineamiento en esta configuración latinoamericana que se venía dividiendo en la izquierda de Ricardo Lagos y en la de Hugo Chávez. Sin embargo, los asesores de la Presidenta Michelle Bachelet no hicieron mucho y su ego cedió ante la verborrea condiciosa del populismo que quiere sumar a un pez gordo: nuestro país.
Que la Presidencia de Chile esté ocupada por una mujer socialista, no cambia en absoluto el lineamiento que la izquierda hereda de Ricardo Lagos. Claro quedó que la mandataria representará el continuismo y el mejoramiento de las políticas del ex jefe de Estado. Sin embargo, creció con fuerza la idea de un cambio en el mapa político de América Latina, de un nuevo aliado a los gobiernos populares (neopopulistas), etc. Lo único distinto es ella, el resto seguirá igual, pero nadie hizo esa diferencia con solidez y en el ambiente circuló – y circula – la idea de un país que rema para otro punto, a diferencia del sexenio pasado.
Lo anterior, hizo pensar a muchos en la posibilidad histórica de llegar a un acuerdo con Bolivia, por el hecho que "los gobiernos son afines" y eso es un gran error. La administración Morales versus la de Bachelet, tienen sendas diferencias en prioridades, y su núcleo político e ideales no son para nada parecidos. Lo único similar es que en ambos países los nuevos gobernantes hicieron historia por sus características personales. Nada más. Chile seguirá siendo el país serio, ordenado, respetuoso de los tratados internacionales y preocupado de llegar a integrar el Primer Mundo. Nuestros vecinos, en cambio, son una eterna duda.
La voces del mar
Llamó la atención la última celebración en Bolivia del Día del Mar. Si bien las manifestaciones antichilenas fueron más suaves, siguen existiendo las odiosidades y los mitos. No podemos hablar de una amistad espontánea, las heridas en ese país cerrarían al menos en las próximas dos generaciones y todo depende de la voluntad, principalmente, de los bolivianos. No obstante, Chile también debe reconocer su cuota de responsabilidad, al mirar durante años, por sobre el hombro a nuestro vecino.
En el marco de la conmemoración del Dia del Mar, el Presidente Evo Morales, lanzó un discurso muy potente – y errado – que da cuenta de lo esencial que es para su gobierno la obtención de litoral (como lo ha sido históricamente). Pareciera que el mandatario quedó encandilado con lo que presenció en Santiago, cuando siete mil personas gritaron a favor de una salida al mar para Bolivia. Tanto así que su emoción hizo multiplicar esa cifra treinta veces y dijo que escuchó a doscientos mil chilenos. Mal asesorado. Aunque fue legítimo ese pedido por los manifestantes que se reunieron para honrar a Morales en nuestra capital, el mandatario altiplánico debe comprender que fue una reunión de grupos minoritarios de nuestro país, de indígenas que no se sienten parte del territorio y serían felices con una autonomía, de gente que sólo grita consignas para llamar la atención y otros que son felices haciendo cosas para incomodar a los gobiernos locales. Sin embargo, el gobierno de La Paz utilizó este evento para generar falsas expectativas y no le dio el lugar que realmente tiene, reflejando la visión sesgada que en ese país se tiene sobre Chile.
Esa no es la correcta política de acercamiento. Evo debe entender que para hablar de mar debe conquistar a los grupos políticos que ostentan el poder en Chile y que, aunque tenga la ilusión que ciertos grupos sociales vayan en ascenso, aquello no le darán el sustento para hacerse escuchar con fuerza en La Moneda.
El mejor instrumento para Evo Morales es reestablecer las relaciones diplomáticas entre su país y Chile, con eso daría una señal potente al mundo y obligaría a nuestro gobierno a conversar más adecuadamente la solicitud de acceso al mar, siempre que aquello no implique multilateralizar el tema y menos, la cesión de soberanía.
Made in
Edgardo Fierro Müller
a las
17:57

































